La importancia de definir metas y objetivos para cumplir sueños

Todos tenemos algún sueño en la vida, no obstante, qué hacemos para cumplirlos. A veces muy poco, otras los damos por perdidos. ¿Pero en verdad es tan difícil cumplir aquello que tanto deseamos? Esta es una pregunta que muchas veces no sabemos contestar y que nos asaltan cuando cruzamos una crisis, un punto de quiebre como se dice en el Coaching, y que no siempre implica un rasgo negativo sino que también abre la posibilidad de llevarnos hacia un crecimiento y una evolución personal. 
Pero centrémonos en la pregunta: cuál es mi gran sueño. La respuesta puede ser una casa, un viaje, un nuevo empleo, etc., ello dependerá de la persona que seamos. No obstante, el primer error que cometemos al querer alcanzar aquello que más deseamos es que quisiéramos tenerlo ya de golpe, no tenemos esa cultura de la espera, y si no lo conseguimos a la primera nos desanimamos, sin tener en cuenta que todo se da de manera paulatina y sin dejar de insistir. Como decía el filósofo Tales de Mileto: todo cae por su propio peso. No hay que tenerle miedo al fracaso y volver a intentarlo cuantas veces sea necesario, al fin y al cabo, es nuestro sueño y nadie más sabe lo que significa eso para nosotros.

Una de las primeras cosas que trabajo en el coaching cuando alguien quiere una consultoría es establecer y definir bien las metas, pues sin ellas simplemente vamos a ir como un barco sin timón a la deriva y nunca llegaremos a cumplir nada loable y grande, y nos mantendremos en la dispersión saltando de una cosa a otra. Las oportunidades se van si no tenemos claro lo que quiero y cómo voy a hacer para conseguirlo.
Por eso, una de las formas más eficientes y sencillas con la que se trabaja en el Coaching es escribir mis metas y dividirlas en pequeñas tareas que pueda cumplirse de manera progresiva. Dice un proverbio chino que la tinta más borrosa es mejor que la más excelsa de las memorias. Y aquello que no se escribe se pierde en el oscuro olvido, si no tenemos presente algo que nos haga recordar por aquel sueño por el que luchamos.
Yo por ejemplo, todas las mañanas al levantarme lo primero que hago es poner en orden mis prioridades en una libreta que tengo para esa finalidad. Eso me ayuda a  establecer un orden en mi día y trabajar por pequeños objetivos que me permiten tener un control y una evaluación constante sin alejarme de mis prioridades. Al término del día hago una revisión de mis avances, y es muy satisfactorio ver qué he conseguido.
Lo mismo hago con metas a mediano y largo plazo, sólo que en lugar de anotarlos en una libreta, las anoto en un pequeño pizarrón de la oficina o en algún lugar estratégico que me recuerde mi meta y mantenga focalizado todas mis energías en mi sueño.

No hay nada de magia detrás de todo ello, sólo trabajo y constancia, así que no hay que tener miedo de intentarlo, pues son las acciones que desarrollamos día a día las que van definiendo nuestro carácter y nuestro ser. 

Edgar Castillo 
EC Coaching 

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