Cuatro tips para una mejor empatía
Te ha pasado que hay veces por
más que pongas de tu parte no llegas a conectar con tu jefe, con esa chica que
te gusta, con ese vecino con el que quieres resolver un problema, etc. En lugar
de ello, aparece la fricción y la distancia. Por eso, hablemos hoy de la
empatía como un instrumento para establecer un dialogo con el otro, y que es
ante todo un arte que tiene sus técnicas; implica una agudización de los
sentidos para aprender a leer el lenguaje del otro. Es decir, hay en esto una
total atención a lo que el otro me dice con su cuerpo, con sus palabras, con la
expresión del rostro. Pues está comprobado en la psicología gestalt que el 80
por ciento de nuestros conflictos tienen que ver con una incomprensión, porque
lo que escuchamos, vemos o sentimos, lo hacemos desde nuestra propia forma de
ver la vida y no desde la situación en que la ve el otro. Hay una falta de
empatía y por ende, no se da el dialogo o se rompe de manera muy fácil. Muy
pocas veces nos preguntamos: ¿estamos entendiendo lo que el o ella me dicen?
Así pues, es necesario entender
al otro desde su territorio, o sea, poner todos mis sentidos en cuatro tips
importantes para lograr una buena empatía.
- La postura-¿cuál es la forma en que pone las manos, las piernas, los brazos? ¿Cómo se para o se sienta?
- Fisiología-¿es su respiración intranquila?
- Sistema sensorial- ¿cómo son sus movimientos?
- Ideas- ¿cuáles son las ideas que mueven a actuar a mi interlocutor?
Prestar atención a estos cuatro
puntos flexibilizan la capacidad de entender al otro desde un aspecto holístico
para que se vaya haciendo un dialogo, una conexión y una interacción. Lo
importante es saber prestar atención para poder intervenir en el dialogo cuando
ésta se vaya cerrando o entre en fases críticas; no permitir que el otro se
aleje del punto que se quiere tratar. Esa es la razón por la que la atención
consciente en estos cuatro aspectos nos permite encontrar un punto de
equilibrio, lo cual quiere decir conocer el territorio del otro y empatizar con
él.
Esto funciona en un juego del
espejo y el reflejo en el que se comienza con conocer a mi interlocutor para
saber ponerlo en sincronía con mi territorio. Por ejemplo, si el otro respira
de manera agitada, yo de igual forma hacerlo por algunos momentos, es decir,
adoptar algunas de las actitudes de mi interlocutor pero de manera consciente
para tratar de cambiarlas. De modo que si se enoja o se exaspera no es que yo
vaya hacer lo mismo, sino más bien detenerme unos segundos para analizar la
situación e influir en él para que pueda darse un cambio. Sacar el dialogo de
sus zonas de ruptura y permitir que fluya de otra manera: crear la empatía.
¡Claro! Todo esto al principio
es una gran tarea pero poco a poco se va adquiriendo práctica en cómo escuchar
al otro de una manera pro-positiva y de cómo usar esta técnica del espejo y el
reflejo de manera eficaz para la construcción del dialogo.




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